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Unidos hacemos Historia Síntesis histórica del PIT-CNT

Posted by FUECYS LISTA 3 en 21 septiembre, 2016

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Los trabajadores de nuestro país tienen una rica historia en el marco de unas constante lucha en reclamo de sus intereses y en el cuidado de la unidad del las distintas corrientes que componen el movimiento sindical. Los intentos de crear sindicatos amarillos y la violencia que ejerció la dictadura militar que se instaló en nuestro país a partir de julio de 1973 hasta marzo de 1985 no lograron dividir a los obreros.

Síntesis histórica del PIT-CNT

En abril de 2008 Rodolfo Porrini escribió esta breve pero rica memoria de lo que ha sido la vida de la central sindical uruguaya.

A lo largo de más de cien años de existencia el sindicalismo uruguayo ha adoptado muy diferentes formas. El actual PIT-CNT, Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT) y Convención Nacional Trabajadores (CNT), nació con esa denominación el 1º de mayo de 1983. Puede considerarse que, de esa forma, se incorporaba la experiencia inmediata de las luchas de los trabajadores contra una brutal dictadura civil-militar (1973-1985) y, al mismo tiempo, recogía las tradiciones históricas del movimiento obrero uruguayo y mundial. El PIT-CNT se constituye en el referente indiscutible de las distintas luchas, experiencias de clase y corrientes del movimiento sindical uruguayo y de su proceso de unificación en torno a un Programa y una organización.

Orígenes

Se toma con frecuencia 1870 como punto de partida de los “orígenes” del movimiento obrero uruguayo, al constituirse en forma permanente una organización constituida exclusivamente por trabajadores y para su defensa, como fue el caso de laSociedad Tipográfica Montevideana. Desde entonces se formaron sociedades de socorros mutuos vinculadas a diferentes oficios o actividades, algunas de las cuales terminaron siendo verdaderas organizaciones de clase. También hubo cooperativas de producción, como la de los tipógrafos entre 1889 y 1892. Y existieron múltiples experiencias de clase a través de reclamos, situaciones de conflicto y hasta huelgas que ambientaron, en algunos casos, la génesis de sindicatos.

Por otra parte, desde 1872 existieron contactos con miembros de la Sección Mexicana de la Asociación Internacional de Trabajadores anarquista (con sede en Suiza). Y desde 1875 se creó en Montevideo la Federación Regional de la República Oriental del Uruguay. En una sociedad de criollos e inmigrantes, estos “internacionalistas”, con una ideología política más precisa que los impulsores de las “sociedades mutuales”, intentaron organizar y concientizar a los trabajadores de luchar contra la “explotación del hombre por el hombre”. Entre sus acciones se destaca el apoyo a la “primera huelga de todo un gremio”, la de los fideeros en 1884, y la edición de periódicos como El Internacional (1878) y La Lucha Obrera (1884).

A partir de la década de 1890 se fueron formando sociedades de resistencia, animadas por ideologías anarquistas, aunque también asomaban en algunas de ellas, los luchadores socialistas. A comienzos del siglo XX los católicos, además de otras organizaciones en las que participaban juntos obreros y patronos, promovieron la formación de “uniones gremiales” solo de obreros.

La impronta hegemónica de la FORU

A pesar de intentos socialistas (con la Unión General de Trabajadores) y de los católicos con una Confederación de Uniones Gremiales, ambos de 1905, la propuesta de los anarquistas fructificó en la creación de la Federación Obrera Regional Uruguaya (FORU). En sus Estatutos planteaba organizarse “para destruir todas las instituciones burguesas y políticas, hasta llegar a establecer en su lugar una Federación Libre de productores libres”. En esas primeras dos décadas del siglo XX puede afirmarse que existió una importante implantación del anarquismo a través de la FORU en los sindicatos por oficio predominantes entonces, pero también en “centros de estudios”, ateneos y bibliotecas. Esta estructura organizativa convivía en una estructura económica con un desarrollo fabril aun débil, con predominio de talleres y la producción artesanal, aunque algunos “servicios” -tranvías, ferrocarriles- llegaban a tener importante concentración de trabajadores.

El impacto de la revolución de octubre

Luego de antecedentes que se remontaban a fines del siglo XIX, en 1910 se constituyó en forma permanente el Partido Socialista, organización que fue insertándose lentamente en el ambiente sindical. A fines de los años diez, un acontecimiento internacional, la Revolución Rusa de Octubre de 1917 marcó al movimiento obrero mundial y también el nuestro. Se formó en 1918 un importante gremio con influencia socialista, la Federación Obrera Marítima. También fueron tiempos de fuertes luchas y represión, en un marco regional también conmovido y sangriento (como la Semana Trágica en la Buenos Aires de enero de 1919). Al interior de la FORU, y también de organizaciones como el Partido Socialista, se produjeron interesantes e intensos debates en torno a la revolución que estaba en curso en Rusia. De la FORU se separó el sector anarquista que acompañó inicialmente la revolución rusa -confiados e interesados en la “revolución y la “dictadura” de los soviets y el poder desde abajo. Este sector, junto con la pequeña pero activa militancia comunista – cuyo Partido se había fundado entre setiembre de 1920 y abril de 1921 -, formaron en 1921 el Comité Pro Unidad Obrera (CPUO) y luego, en 1923, la Unión Sindical Uruguaya (USU), de mayoría anarco-sindicalista. En un “llamamiento” de octubre de 1923 la USU establecía: “En el Congreso obrero unionista recientemente realizado, quedó sellada la unidad del proletariado del país. De ese memorable congreso surgió la Unión Sindical Uruguaya, institución obrera revolucionaria, llamada a encauzar las fuerzas unificadas de los trabajadores y orientarlas frente a las fuerzas regresivas del Capitalismo y el Estado”. Poco años después, dentro de la USU los comunistas formaron el “Block de Unidad Obrera” que expulsado de aquella, convocó a formar una nueva organización. Así, en mayo de 1929 se constituyó la Confederación General del Trabajo del Uruguay (CGTU). Su estrategia sostenía “Perseguir por la lucha de clases el mejoramiento y la liberación final de la clase obrera. Esto último sólo es posible por el derrumbamiento del poder capitalista y la toma de la dirección de la sociedad por el proletariado en alianza con los campesinos pobres”.

Con la crisis económica y la dictadura

Con la crisis mundial de 1929 y el golpe conservador del Pte Terra, el sindicalismo estaba expresado en tres pequeñas “centrales”, la FORU, la USU y la CGTU, que no pudieron constituir una fuerte resistencia al régimen dictatorial instalado desde marzo de 1933. El deterioro de las condiciones de vida, la rebaja salarial, la importante desocupación, contribuyeron a debilitar más el sindicalismo. Junto a ello, la represión antisindical marcó los primeros años de la dictadura terrista: con detenciones, deportaciones de sindicalistas e izquierdistas, censura de la prensa obrera, y el apoyo estatal que contribuyó a la derrota de la larga huelga de los gráficos de diarios en 1934, a pesar de un paro general unitario, también acompañado por la FEUU. Con el impulso a las políticas de industrialización desde mediados de los 30, y cierta amortiguación de la represión, comenzó a producirse, además de un crecimiento de la clase obrera industrial -que trasuntaba la formación de una nueva clase obrera, en la industria y los servicios-, un nuevo movimiento organizativo y de luchas. Fue así que entre otras huelgas, se produjeron la de los tranviarios y de la construcción en 1936 que resultaron victoriosas. La guerra civil española (1936-1939) y el combate al franquismo sublevado contra la República Española, ambientó, mayoritariamente, un acercamiento entre los pro-republicanos que en general, también eran antiterristas. En esos años se produjo un aumento de la influencia de las corrientes marxistas, socialistas y comunistas en el medio sindical.

Luchas obreras y división sindical

Un intento de unificación importante, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial (1939-45) se produjo a comienzos de los años 40 con la creación de la Unión General de Trabajadores (UGT). En su Declaración de Principios sostenía: “que la aspiración suprema del proletariado uruguayo es la instauración de un régimen social y económico que aseguren al hombre el pleno desarrollo de sus facultades creadoras y a la humanidad su progreso incesante hacia la sociedad sin clases, lo que solo puede alcanzarse aboliendo toda forma de explotación y opresión del hombre por el hombre”. Los gobiernos de la época (en los 40 y los 50), intentando volver a su concepción de “estado de bienestar” desarrollaron políticas de integración y concertación social, aprobándose en noviembre de 1943 la ley de Consejos de Salarios.

Finalizada la segunda guerra en 1945, y luego del clima de paz y esperanza mundial que se vivió -del que había nacido la Federación Sindical Mundial- vinieron los tiempos de la “guerra fría”, y en el sindicalismo uruguayo, de heterogeneidad ideológica y división sindical. En muchas oportunidades predominó el paralelismo sindical en las fábricas o en los gremios, la existencia de varias organizaciones que reclamaban representatividad del sindicalismo, algunas de ellas clasistas y otras no, y muchísimos sindicatos “autónomos”. Fue así que. Además de la UGT, se constituyó en enero de 1951 la Confederación Sindical del Uruguay (CSU), afiliada luego a la CIOSL y a la ORIT, central interamericana orientada por los sindicatos de EEUU (AFL-CIO) y oficinas del gobierno de ese país. También ese año se formó una coordinación de gremios autónomos y clasistas que se denominó “Gremios Solidarios” que impulsó en setiembre una “huelga general” en apoyo al naciente sindicato en Ancap -que resultó triunfante-, y otra en 1952 que requirió la aplicación de Medidas Prontas de Seguridad, y que fue derrotada.

Acercamiento y unificación

La división comenzó a revertirse desde mediados de los años cincuenta, en medio del reconocimiento general de la “crisis” en todos los renglones de la actividad económica. Fue así que en 1956, luego de una huelga frigorífica que usó la inédita medida de lucha de la “huelga de hambre” (así como la marcha a pie de los obreros frigoríficos desde Fray Bentos a la capital), desde la Federación Autónoma de la Carne se convocó a una reunión de la cual surgió la “Comisión Coordinadora pro Central Unica” que, si bien no unificó la fuerzas sindicales, retomó las prácticas de acción conjunta, realizando 9 medidas de paro solidarias entre 1956 y 1958. A partir de ese último año, y disuelta la coordinación, se inició otro proceso de acercamiento entre importantes tendencias sindicales, llevando, entre 1959 – año en que se disolvió la UGT – y 1961, a la formación de la Central de Trabajadores del Uruguay (CTU). Desde mediados de los 50 también se dieron luchas y huelgas entre los trabajadores rurales, y la formación de sindicatos de cañeros, remolacheros y arroceros en el litoral y el este del país. Y a nivel regional, ocurrió la victoria de la Revolución Cubana y su posterior definición “marxista-leninista”, que influyó en todo el continente americano.

CNT y la organización unificada

Desde 1959 asumieron los gobiernos del Partido Nacional (1959-1967) con sus experiencias de neoliberalización e ingreso a las políticas del FMI. Los problemas económicos, el alza del costo de vida y la baja del salario real, y los reclamos populares obtuvieron respuestas represivas desde el Estado. Se intensificaron las luchas sindicales y las marchas de los cañeros de Bella Unión a Montevideo, desde 1962, mostraban “otro Uruguay”. También aumentaron las coordinaciones entre los funcionarios públicos (se creó COFE y la Mesa Sindical Coordinadora de Entes Autónomos y Servicios Descentralizados) y, en definitiva, los acercamientos entre las distintas tendencias sindicales. Entre fines de junio y setiembre de 1964 se fue conformando laConvención Nacional de Trabajadores, la CNT, como organismo permanente de coordinación y de lucha. Se aprobó en agosto una Plataforma reivindicativa, y en setiembre ya existía la Mesa Representativa.

Congreso del Pueblo

La CNT fue afianzando su organización, y preparó en abril de 1965 un paro que tuvo un gran impacto en la población. En agosto se convocó a un Congreso del Pueblo participando representantes de organizaciones sindicales, estudiantiles, cooperativistas, de jubilados, de la educación, de la cultura y de pequeños productores. Del mismo surgió el “Programa de Soluciones a la Crisis” que sostenía la necesidad de realizar importantes reformas en el agro, el comercio exterior, la industria y la banca, tributaria, la educación y levantaba un reclamo de mayores libertades sindicales y para los sectores populares. Entre el 28 de setiembre y el 1º de octubre de 1966 se realizó el Congreso de Unificación Sindical: al disolverse la CTU, la CNT se constituyó en el organismo unificado de los sindicatos uruguayos. Se aprobó una Declaración de Principios, el Programa de Soluciones a la Crisis, y el Estatuto. En el mismo se proponía garantizar la democracia sindical, la independencia frente al Estado, los patronos y los partidos, la no afiliación a ninguna central sindical internacional, y la promoción de la unidad sindical internacional.

Periodo 1968-73

En el marco de la nueva Constitución de 1967 que volvió al Ejecutivo fuerte, se intensificaron las luchas sociales, se produjo el descaecimiento de las formas de convivencia pacífica y el aumento de la violencia política, en particular el enfrentamiento entre la guerrilla de izquierda y el gobierno. Con el “pachequismo” desde diciembre de 1967 se produjo una fuerte represión estatal (se ilegalizó cinco grupos de izquierda y clausuró su prensa), la aplicación permanente de medidas prontas de seguridad contra los movimientos sociales y opositores, contención salarial, eliminación de los mecanismos de concertación como los Consejos de Salarios. En medio de intensas luchas populares en 1968 y 1969, el movimiento sindical debatió “táctica y estrategia” entre una orientación mayoritaria y otra minoritaria, la “tendencia combativa”. A pesar de ello, se produjo el Primer Congreso de la CNT en 1969, el Segundo en 1971 con el ingreso de nuevos sindicatos y una dirección elegida por unanimidad. Las elecciones de noviembre de 1971 dieron la victoria colorada al candidato conservador Juan María Bordaberry. Desde allí recrudeció la lucha entre el MLN y las fuerzas armadas del Estado y creció la politización e intervención de estas últimas, que las llevaron al “golpe” de febrero de 1973, desconociendo al Presidente y obligando a crear el inconstitucional “Consejo de Seguridad Nacional”. El golpe de Estado del 27 de junio fue dado por Bordaberry y las Fuerzas Armadas y sectores políticos y patronales. La clase obrera y la CNT, junto a estudiantes y sectores populares respondieron con la huelga general, ocupando lugares de trabajo y locales universitarios hasta el 12 de julio en que fue levantada para “continuar la lucha por otros medios”.

Resistencia y reorganización

Ilegalizada la CNT y sus dirigentes desde el 30 de junio, hubo dos muertos durante la huelga, centenares de detenidos, miles de huelguistas despedidos sin indemnización y destituidos públicos. Ante el decreto de agosto de 1973 de la dictadura, los trabajadores volvieron a afiliarse a los sindicatos de la CNT. Esta actuó en forma clandestina, promovió paros en los primeros años, organizó movilizaciones “relámpago” los Primeros de Mayo de 1974 y 1975. La dictadura -coordinada con las fuerzas armadas del continente- produjo una represión estatal contra toda forma de oposición política y social, hubo miles de detenidos y presos, torturas y casi doscientos desaparecidos. La resistenciaadoptó múltiples formas en todo el periodo. En noviembre de 1980 fracasó el proyecto constitucional de la dictadura y se abrieron espacios para la lucha antidictatorial. En las elecciones internas de los “partidos habilitados” en 1982 triunfaron los sectores opositores. Una ley de mayo de 1981 permitió crear “asociaciones profesionales” que aprovecharon los trabajadores para organizarse y reorganizarse. Un nuevo estado de ánimo se produjo entre 1982 y 1983. En abril de 1982 se creó la Asociación Social y Cultural de Estudiantes de la Enseñanza Pública (ASCEEP), renacieron las cooperativas de la FUCVAM, se conoció la larga lucha de organizaciones de derechos humanos como el Servicio Paz y Justicia (SERPAJ).

Un solo movimiento sindical

En 1983 un grupo de sindicatos organizaron el primer acto por el 1º de Mayo, con las banderas de “Libertad, Trabajo, Salario y Amnistía” y nació el Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT). La conmemoración del 1º de Mayo de 1984 expresó la unión simbólica entre el PIT y la CNT, bajo la consigna “un solo movimiento sindical”. Luego vino el “pacto” del club naval y las elecciones con proscriptos y presos en noviembre de 1984 en que triunfó el Partido Colorado y el candidato Julio M Sanguinetti. Se recuperaron las libertades y se liberaron los presos políticos, retornando muchos emigrados forzados. También durante ese gobierno se convocaron los Consejos de Salarios, hasta 1991 bajo el gobierno de Lacalle (1990-1995) en que dejaron de llamarse. El PIT-CNT realizó, en medio de fuertes discusiones, el Tercer Congreso en noviembre/diciembre de 1985. En diciembre del año siguiente, participó, junto con sindicatos de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile y Paraguay, en la creación de la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur. Una ley de diciembre de 1986, la de “caducidad de la pretensión punitiva del Estado”, impidió el juzgamiento de los acusados por violar los derechos humanos durante la dictadura. El vasto movimiento social, sindical, popular y político por el referéndum contra la ley, se expresó en abril de 1989, pero no alcanzó a derogarla (casi un 56% la reafirmó). En un contexto de cambios en la clase trabajadora, de fuerte desindustrialización y de crecimiento de la exclusión social, se produjeron cambios en el sindicalismo, perdiendo peso los sindicatos obreros fabriles y ganando espacio los de funcionarios públicos y de los servicios. Durante los congresos sindicales de 1987, 1990 y 1993, la afiliación sindical fue decreciendo, el punto más bajo fue el de 2003 cuando alcanzó los 102 afiliados. A partir de la nueva coyuntura de 2005 con un gobierno de izquierda, se produjo la formación de nuevos sindicatos, creció notoriamente la afiliación sindical -el congreso de 2006 tuvo 240.000 trabajadores representados- y aumentó la participación de los asalariados, se reinstalaron los Consejos de Salarios (ampliados al sector público, rural y del servicio doméstico) y se aprobaron leyes laborales de fuero sindical y sobre desocupaciones.

A lo largo de décadas se fue creando un movimiento sindical clasista, plural -con referencia de izquierda pero con participación de trabajadores de un amplio espectro ideológico-, que ha sostenido ser independiente de los gobiernos y los partidos, que ha levantado, además de plataformas coyunturales, un Programa de Soluciones y aprobado una Declaración de Principios en 1966 que sostuvo: “La Convención Nacional de Trabajadores (C.N.T.) expresa en su unidad combativa, en su independencia de clase y en su carácter profundamente solidario, las experiencias de casi 100 años de lucha organizada de nuestra clase trabajadora, forjada en las mejores tradiciones históricas de nuestro pueblo” y que bregaría por avanzar “en el camino hacia una sociedad sin explotados ni explotadores”. Esas son las banderas dejadas por los luchadores sociales desde hace más de cien años y desafíos para las siguientes luchas.

(*) Rodolfo Porrini: Docente del Departamento de Historia del Uruguay – Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (Universidad de la República)

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