FUECYS LISTA 3

Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y Servicios

Universidad gremial

Posted by FUECYS LISTA 3 en 27 julio, 2010

Fuente: El País

Los Consejos de Salarios han impuesto una nueva forma de relación entre trabajadores y empresarios. Eso ha obligado a los representantes del PIT-CNT a sentarse en un aula y aprender a negociar.

Paula BARQUET

Los empresarios tienen asesores, profesionales y especialistas en cuestiones jurídicas o económicas. Sus “armas”, propias de la “clase dominante”, son mucho más poderosas. La negociación colectiva ya no es un juego de niños. Hay que ponerse a tiro.

Es un pensamiento que atraviesa el seno de la central sindical hace años. “Pero nosotros tenemos esto”, reivindica Daniel, de 52 años, desde la puerta del PIT-CNT. “Si no nos formamos estamos en el horno”, agrega Valeria, de 23.

Daniel y Valeria son compañeros de clase en la Escuela Sindical Superior. Salieron unos minutos al recreo de Historia del Movimiento Sindical. Él es chofer en una empresa de seguridad privada; fue negociador por su sindicato, la Federación de Empleados de Comercio y Servicios (Fuecys), en los Consejos de Salarios de 2005, 2006 y 2008. Ella es funcionaria del BPS y aunque no tiene experiencia en instancias de negociación, su trabajo está vinculado a la representación de los trabajadores en ese organismo estatal.

La propuesta existe desde 2005. En ese tiempo se empezaba a visualizar que la formación que ofrecía el PIT-CNT, desde el Instituto Cuesta Duarte, debía ser más y mejor. No alcanzaba con cursos cortos, talleres, seminarios. Había que profundizarla y fortalecerla.

De la Escuela Sindical Superior -cuyos cursos duran un año y se pueden extender a dos- han egresado sindicalistas que luego ocuparon cargos de relevancia en sus gremios. La coordinadora de Formación Sindical, Verónica de León, afirmó que se realiza un seguimiento de los estudiantes, y que aunque no han elaborado estadísticas aún, saben que la formación “sirve”.

Son tres veces por semana, tres horas cada vez, y cursan 11 módulos entre abril y diciembre. No sólo se aprende la teoría de Carlos Marx, como podría pensarse, aunque ésta forma parte inevitable de Corrientes del Pensamiento. También estudian Historia, Comunicación y Organización del Movimiento Sindical, y adquieren conocimientos en las áreas de Derecho, Economía, Salud Laboral, Seguridad Social, Sociología del Trabajo y Metodología para la Acción.

De ahí, se supone, saldrán preparados para los Consejos de Salarios, las negociaciones bipartitas que surjan de los conflictos con sus patrones, o las tripartitas junto al Estado. “Lo principal -piensa de León- es cómo el compañero, después de esa experiencia, logra capitalizar ese conocimiento para su propio sindicato y para todo el movimiento sindical”.

Entre casa. “¿Cómo anda, gente del pueblo?”, saluda un hombre al entrar al salón. “¿Cómo anda, compañero?”, le responden los presentes casi al unísono. La mitad llega con mate y varios con bolsas de bizcochos para compartir.

Javier, otro estudiante, ingresa a clase con un chiste en boca: “Llegó el trabajador rural”, dice despertando las risas de todos. Es que el par de botas de goma que sujeta con sus manos se deben a la lluvia, y no a su actividad laboral.

El profesor no comienza a pasar la lista que ya circulan los bizcochos en ronda. “No aprenderemos mucho, pero bizcochos no van a faltar”, suelta otro apelando a la complicidad de sus compañeros.

No son todos amigos, pero casi. Es lunes, se están viendo las caras después de haber hecho un asado juntos el viernes, y surgen comentarios sobre las situaciones que se dieron, quién fue, quién no, y a qué hora culminaron el “encuentro de camaradería”, como le llaman.

“Bueno, teníamos un deber…”, recuerda el docente para dar inicio al asunto. “Bueno, no se peleen, muchachos”, ironiza tras el silencio generalizado. Nadie lo hizo. Llueven las excusas: que el asado, que la jornada del sábado en “el PIT”, que no hubo tiempo. El profesor no parece darle demasiada trascendencia y propone leer en el aula lo que había que estudiar en casa.

Mientras transcurre la clase, en un ambiente de confianza y comodidad, suenan varios celulares que no fueron oportunamente silenciados. Un estudiante incluso atiende su teléfono en plena lectura. Nadie se inmuta, es cosa de todos los días.

El tema de la jornada es lo que sucedió en el país y en el mundo durante las décadas de 1920, 30 y 40. Todo lo que se menciona, o casi todo, deriva en los efectos que esos cambios tuvieron en la unificación del movimiento sindical.

A las 16.50, 20 minutos después de comenzada la clase, llega Willy, del Círculo Policial. Se presenta y le ofrece su mano cordial al docente, que lo mira con cierta sorpresa. “Ah, ¡pero vos nunca viniste!”, le dice, a lo que el recién llegado responde sin pudor: “No, a esta clase no”. Le alcanzan los textos que ya trabajaron. “¿Este es el castigo?”, bromea.

Ese día asistieron 14 personas, cuando el promedio venía siendo de 20. De León lo explica por la lluvia. En realidad, los inscriptos al inicio eran 50. “Muchos de los compañeros que quedan en el camino es porque pensaron que podrían articular esto con su vida cotidiana y luego no lo logran”, justifica la coordinadora.

Las evaluaciones de los distintos módulos tienen como objetivo la aplicación práctica de los conocimientos teóricos, pero no son motivo de desaprobación del curso. De hecho, nadie “pierde”. Sólo se distingue a quienes asistieron al 80% de las clases de los que no, a través de un certificado al final: todos reciben un diploma, pero unos por su “aprobación” y otros simplemente por su “participación”.

Daniel, el mismo que durante el recreo analizaba la necesidad de formación para la militancia sindical, es uno de los más veteranos. Algo así como el “traga” de la clase. Aunque se disculpa porque “ésta vez” no pudo hacer los deberes, interviene en la lectura del texto y llega a completar ciertos vacíos del profesor.

No surge explícitamente del material de lectura, pero el tema de los Consejos de Salarios se hace presente. El docente explica aspectos generales de su historia, de cómo estaban integrados al principio, de la forma en que participaban las empresas antes de que fueran interrumpidos en la década de 1990.

Javier, el joven que bromeaba con sus botas de goma, participará este año por primera vez en los Consejos que comienzan por estos días. Lo hará en representación del Sindicato Único de Obreros Panaderos y Afines. Su rol será como asesor y no como negociador. La diferencia, explica él, es que el primero sólo puede aportar, no negociar, y sus consultas deben limitarse a los cuartos intermedios.

Javier ya tiene experiencia en negociaciones bipartitas con la empresa Bimbo, que lo emplea. Probablemente el sindicato haya decidido enviarlo a la Escuela Sindical a él, de sólo 26 años, como una apuesta al futuro.

Todos los sindicatos tienen tiempo entre diciembre y abril para convocar a sus trabajadores a formarse. La Escuela les pide que envíen al menos dos o tres, de modo que queden todos representados, y luego completan los cupos con quienes tengan más interés. Además, se intenta mantener el equilibrio entre géneros, y eso se ve plasmado en la clase.

Para algunos, como Javier, la herramienta fundamental que les brinda la Escuela Sindical es la posibilidad de consultar a otros sobre los problemas de su gremio. Para Valeria, que recién empieza, “los profesores son salados” y la formación que recibe es “fundamental para encarar temas”. Daniel considera que lo más importante es que “ésta es una etapa de diálogo y no tanto de confrontación”.

Se refiere a los gobiernos de izquierda y las ventajas que representan para ellos. Igual, Daniel no pierde de vista que “vivimos en un sistema capitalista, con clases dominantes y otras explotadas”. Entonces, “si a la conciencia de clase se le suma la técnica y la formación”, quizá los trabajadores cumplan sus anhelos.

Los costos

El Instituto Cuesta-Duarte se financia con la colaboración de algunas centrales sindicales internacionales. Además, cada sindicato aporta una cuota al PIT-CNT y el 10% de ese dinero se destina al instituto. Los alumnos que reciben las distintas modalidades de formación no pagan un peso.

A gusto del trabajador

La Escuela Sindical Superior es la oferta de formación “más completa y más extensa” que tiene el Instituto Cuesta-Duarte, pero hay otras. Hace décadas que los trabajadores se forman allí. Hay modalidades cortas, que se desarrollan sobre todo en el interior, y provienen de las necesidades que surgen de cada Plenario. Los docentes se trasladan desde Montevideo para dictar cinco o seis talleres. Desde el interior también se puede acceder al Plan de Formación Semipresencial: un curso de un año que ofrece unos cuantos módulos y que permite combinar la asistencia con el aprendizaje vía internet, gracias a un convenio con la Universidad de la República que presta su aula virtual. Otra opción es la que se solicita desde cada sindicato en forma de “apoyo” con algún tema: el instituto ayuda en el “empujón” inicial, y luego el sindicato continúa solo. Esa modalidad ya se concretó con Aebu, Sunca y ahora se realizará con Fuecys. Además, el instituto reacciona ante diversos temas de actualidad y organiza seminarios o talleres. Se hizo algo así cuando comenzó a aplicarse el IRPF, cuando se creó el Fonasa y hace poco se brindó un seminario de negociación colectiva.

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